El enemigo en casa
Pues bien, después de haber puesto tierra, mar (mucho mar) y aun mas tierra de por medio y haber pasado unos meses algo más tranquila, preocupada únicamente por ataques ocasionales de Bea con el cepillo y el cortauñas, me entero de que Carol viene de visita. Sí, este domingo llegará a San Francisco y se queda dos semanas. Y a mi como siempre nadie me pregunta mi opinión, ¡Esto es una vergüenza!
Mi humana no deja de asegurarme que es una visita en son de paz y que Carol viene tan solo como tía y no como veterinaria con lo cual no trae agujas u otros objetos punzantes, pero yo no me fío, creo que la tendré bien vigilada por si acaso. Estoy por llamar al Defensor del Gato, seguro que esto es denunciable, es tortura psicológica por lo menos, desde que me enteré sueño que estoy durmiendo y de repente por detrás y a traición me vacunan de algo, por si no tenía ya bastante con las pesadillas de ser succionada por “el diablo de la mierda” cada vez que toca limpieza.
En fin, como veis, la vida del gato domestico es muy dura. Miau.
