El velcro no da la felicidad
Ya se que es una decepción, pero, aunque efectivamente no te hará feliz, el velcro, como el dinero, ayuda mucho.
Me explico:
Ante la cada vez mayor sonrisa esbozada por nuestras cortinas, sobre todo del dormitorio, a pesar de los tacos especiales magistralmente instalados por Germán (o más bien a causa de los mismos), comenzamos a temer por la integridad de las “paredes” del apartamento ¿Tendríamos en breve ventilación adicional y/o incluso acceso directo al jardín a través del dormitorio?
Aunque la idea era tentadora, la inminente llegada del invierno y mi resistencia a ver mi sueño perturbado por la luz solar matutina, nos decidimos a buscar una solución a nuestro problema de fragilidad paredil y sonrisa cortinera. Y de repente el velcro autoadhesivo dibujo una sonrisa, pero esta vez en nuestras caras, que no en las cortinas que ya eran bastantes felices en aquel momento.
Dicho y hecho, nos dirigimos a la ferretería del barrio, que dice Germán que es como la de un amigo suyo (Fernandito) en Dos hermanas, que tienen de todo y compramos 18 pies de velcro autoadhesivo azul marino a juego con las cortinas. Tras la relativamente sencilla instalación del invento primero en la pared y luego en las cortinas y con ayuda de alguna grapa que otra para asegurar la firmeza de la sujeción, las cortinas han vuelto a su rectitud inicial, de hecho, al estar ahora completamente pegadas a la pared cumplen su función aun mejor que antes.
Entonces, si el velcro ha conseguido que las cortinas estén igual o mejor que antes, ¿por qué digo que no da a felicidad?
Pues porque a pesar de que ahora yo soy más feliz que las cortinas, que era el objetivo desde el principio, la tarea de correr las cortinas estando pegadas a la pared es algo complicada, aunque estamos en proceso de solucionar el problema instalando la trabillas, también con velcro, para sujetarlas a ambos lados de la pared para mantenerlas abiertas siempre que queramos.
Por otro lado, la súbita opacidad del dormitorio a convertido la tarea de levantar a Germán de la cama los fines de semana en algo casi imposible de lograr antes de la hora de comer, afortunadamente, para cuando el hambre le aprieta se levanta y volvemos a nuestra rutina habitual.
Como podéis ver, efectivamente, el velcro, ese maravilloso invento, basado en una planta por cierto, no da la felicidad, pero ayuda mucho
