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August 31, 2008

El velcro no da la felicidad


Ya se que es una decepción, pero, aunque efectivamente no te hará feliz, el velcro, como el dinero, ayuda mucho.

Me explico:
Ante la cada vez mayor sonrisa esbozada por nuestras cortinas, sobre todo del dormitorio, a pesar de los tacos especiales magistralmente instalados por Germán (o más bien a causa de los mismos), comenzamos a temer por la integridad de las “paredes” del apartamento ¿Tendríamos en breve ventilación adicional y/o incluso acceso directo al jardín a través del dormitorio?
Aunque la idea era tentadora, la inminente llegada del invierno y mi resistencia a ver mi sueño perturbado por la luz solar matutina, nos decidimos a buscar una solución a nuestro problema de fragilidad paredil y sonrisa cortinera. Y de repente el velcro autoadhesivo dibujo una sonrisa, pero esta vez en nuestras caras, que no en las cortinas que ya eran bastantes felices en aquel momento.

Dicho y hecho, nos dirigimos a la ferretería del barrio, que dice Germán que es como la de un amigo suyo (Fernandito) en Dos hermanas, que tienen de todo y compramos 18 pies de velcro autoadhesivo azul marino a juego con las cortinas. Tras la relativamente sencilla instalación del invento primero en la pared y luego en las cortinas y con ayuda de alguna grapa que otra para asegurar la firmeza de la sujeción, las cortinas han vuelto a su rectitud inicial, de hecho, al estar ahora completamente pegadas a la pared cumplen su función aun mejor que antes.

Entonces, si el velcro ha conseguido que las cortinas estén igual o mejor que antes, ¿por qué digo que no da a felicidad?

Pues porque a pesar de que ahora yo soy más feliz que las cortinas, que era el objetivo desde el principio, la tarea de correr las cortinas estando pegadas a la pared es algo complicada, aunque estamos en proceso de solucionar el problema instalando la trabillas, también con velcro, para sujetarlas a ambos lados de la pared para mantenerlas abiertas siempre que queramos.

Por otro lado, la súbita opacidad del dormitorio a convertido la tarea de levantar a Germán de la cama los fines de semana en algo casi imposible de lograr antes de la hora de comer, afortunadamente, para cuando el hambre le aprieta se levanta y volvemos a nuestra rutina habitual.

Como podéis ver, efectivamente, el velcro, ese maravilloso invento, basado en una planta por cierto, no da la felicidad, pero ayuda mucho

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