Hacia el infinito y mas allá
No veáis como me divierto en mi nuevo hogar, me puedo tumbar en un sofá mullido a mirar por la ventana tranquilamente, o puedo hacer exactamente lo mismo desde una igualmente mullida cama, y todo eso si dejar de tener controlados a mis dueños. Además he descubierto que la moqueta no solo es ideal para tumbarse sino que es un afilador de uñas ideal, aunque Germán y Bea no dejan de pegar gritos desde que lo hago y de decir que me van a comprar un rascador. Serán desagradecidos, si yo lo hago para no tener que arañar los sofás, je, je.
Bueno Miau y hasta la próxima.

